La escritura para metales en el romanticismo.
Trompa
Entre los instrumentos de la orquesta clásica, la trompa es la que experimenta la mayor transformación. Durante el clasicismo, su número se amplía de dos a cuatro, luego a seis y finalmente a ocho, lo que provoca que el grupo de trompas se independice tanto de las maderas como del conjunto formado por trompetas y trombones. A la vez, mantienen la característica de poder aunarse tanto a las familias de maderas, como el resto de metales formando distintos grupos instrumentales.
Aunque el corno clásico ya insinuaba su potencial, su evolución se vio limitada por restricciones técnicas, como la dependencia de la serie de armónicos y el uso de bombas para cambiar de tonalidad. La invención del corno de cilindros revolucionó su desarrollo, mejorando su agilidad, permitiendo modulaciones sin afectar su timbre y otorgándole un papel clave en la expresividad romántica, tanto en solos como en conjunto. La adopción del corno de cilindros en la orquesta fue gradual debido a imperfecciones técnicas, ligeras pérdidas en la calidad del sonido y la renuncia a ciertos matices tonales. Algunos compositores románticos, como Wagner, combinaron cornos naturales y de cilindros para mantener ambos beneficios, aunque con el tiempo la transición al nuevo sistema se consolidó.
El uso de la técnica de bouché, necesario para obtener distintos tonos de la serie en la trompa natural, es ahora utilizado como efecto tímbrico. Su uso se indica con la indicación bouché o (+). Dado que el sonido resultante es bajado medio tono, el instrumentista deberá tocar un semitono ascendente.
Las trompas se escriben en pares, siendo el instrumentista impar el especialista en la voz aguda y el par en la voz más grave. Los grupos tercero y cuarto de trompas se incluyen como refuerzo dinámico frente a la potente sonoridad de trompetas y trombones.
F. Schubert: Sinfonía n.9 I D.944
El siguiente pasaje si bien no fue concebido para su interpretación con cornos a válvulas, es evidente la necesidad de la época en la que el instrumento demanda cierto protagonismo melódico. No se trata de un solo, a pesar de estar escrito sin acompañamiento, más bien parece una entrada al estilo fanfarria a dos voces. El tratamiento de pasaje cantabile llegaría más tarde.
A. Bruckner: Sinfonía nº3 IV
Desaparece todas las limitaciones que ofrecía la trompa clásica en la escritura cromática.
R. Wagner: Tristan und Isolde, I
En el siguiente pasaje aparecen seis cornos en teatro, apoyados por el timbal grave y la misma nota pedal por la segunda y cuarto corno. Los seis cornos están divididos al principio en cuatro grupos escritos en cuatro pentaframas. Sus motivos se encadenan entre sí polifónicamente.
R. Wagner: Rheingold, Escena 1º
Los contrabajos y fagotes mantienen un pedal muy grave. Para la realización de este pedal, Wagner deseaba además un órgano pedal con registro de 32′. Sobre la nota pedal aparece el juego de superposición de temas en los ocho cornos. Cada uno de los cornos ejecuta el motivo arpegiado desplazado métricamente.
TROMPAS JUNTO A LA FAMILIA DE MADERAS
A. Bruckner: Sinfonía 3 nºII
Los cornos ocupan la misma región que el coro masculino, mientras que las maderas abarcan una tesitura cercana a la del coro femenino. Por su parte, la cuerda se sitúa en la zona correspondiente al coro mixto.
C.M. von Webern: Obertura de «Oberon»
En este pasaje, el corno actúa inicialmente como solista, alternando con la orquesta de cuerdas y, más adelante, tocando junto a ella mientras algunas maderas también participan. El tema interpretado por el corno es tierno, enigmático y posee un carácter de vigía romántico. Al considerar este ejemplo junto con otros pasajes similares que hemos analizado, es posible identificar la evolución en el tratamiento del corno desde el período clasicista hasta el romanticismo, así como la diversidad expresiva que el instrumento ha adquirido.
R. Wagner: Lohengrin, II
En este ejemplo, los coros vuelven a utilizarse en conjunto, en una delicada combinación con las maderas A3, recurso que ya ha aparecido en varias ocasiones. En cuanto a los cornos, el segundo y tercer corno participan en la armonía, mientras que el primero refuerza la melodía una octava más baja, en la tesitura de tenor. La melodía del oboe está duplicada a la octava por las flautas. De los cuatro coros, el primer par se encuentra en un registro agudo, mientras que el segundo par permanece en un registro más grave. El bajo es llevado por los dos cornos más graves, mientras que el primer corno participa con una voz intermedia.
R. Wagner: Tristan e Isolda
Trompas como complemento armónico de las maderas. Instrumentación clásica. La armonía es repetida por las cuerdas. Es un ejemplo muy interesante para observar los instrumentos transpositores.
R. Wagner: Tannhaüser, II
TROMPETAS Y TROMBONES
En contraposición al grupo de trompas encontramos el grupo de trompetas y trombones con el añadido de la tuba bajo o contrabajo.
El mecanismo de las válvulas en las trometas fue introducido al mismo tiempo que sucedía en las trompas. Al igual que sucede en los cornos, la trompeta ha evolucionado desde el clasicismo para convertirse en un instrumento melódico. Como efecto especial suele utilizarse la sordina. En piano suena gangosa y apagada, en forte oprimida y en fortísimo penetrante.
R. Wagner: Lohenrin
En el coro formado por trompetas se unen los trombones. Empastan mucho más con las trompetas que los cornos, por lo que ofrecen un contraste elevado en la fanfarria de metales. A pesar de que han habido intentos de introducir las válvulas a los trombones, el uso de la vara ha resultado ser más segura y flexible para realización de efectos como el glisando. Al comienzo se asume la plantilla clásica de alto, tenor y bajo. Pero como el alto era demasiado débil en comparación con la plantilla orquestal, la voz aguda pasó a ubicarse en la trompeta y fue sustituido por otro trombón tenor. La plantilla a tres en la orquesta romántica comprende dos tenores y un bajo. Poco a poco se perfecciona el trombón bajo para acercarlo progresivamente al carácter de barítono y acercarse a la tuba.
R. Wagner: Rheingold, Escena 2ª
La instrumentación de los trombones en la orquesta no debe utilizarse de manera indiscriminada, sino únicamente cuando su presencia aporte un efecto musical claro y significativo. Emplearlos sin una justificación artística adecuada refleja una práctica negligente y una falta de criterio en cuanto al buen gusto en la orquestación. Los trombones, por su potencia y carácter solemne, tienen la capacidad de realzar momentos específicos con gran fuerza expresiva, pero un uso excesivo o innecesario puede saturar la textura orquestal y restar sutileza al conjunto. Un ejemplo de buen gusto en el empleo de los trombones se observa en este fragmento, donde su intervención está cuidadosamente dosificada para intensificar el dramatismo.
TUBAS
En contraposición al grupo de trompas encontramos el grupo de trompetas y trombones con el añadido de la tuba bajo o contrabajo.
El mecanismo de las válvulas en las trometas fue introducido al mismo tiempo que sucedía en las trompas. Al igual que sucede en los cornos, la trompeta ha evolucionado desde el clasicismo para convertirse en un instrumento melódico. Como efecto especial suele utilizarse la sordina. En piano suena gangosa y apagada, en forte oprimida y en fortísimo penetrante.
R. Wagner: Lohenrin
En el coro formado por trompetas se unen los trombones. Empastan mucho más con las trompetas que los cornos, por lo que ofrecen un contraste elevado en la fanfarria de metales. A pesar de que han habido intentos de introducir las válvulas a los trombones, el uso de la vara ha resultado ser más segura y flexible para realización de efectos como el glisando. Al comienzo se asume la plantilla clásica de alto, tenor y bajo. Pero como el alto era demasiado débil en comparación con la plantilla orquestal, la voz aguda pasó a ubicarse en la trompeta y fue sustituido por otro trombón tenor. La plantilla a tres en la orquesta romántica comprende dos tenores y un bajo. Poco a poco se perfecciona el trombón bajo para acercarlo progresivamente al carácter de barítono y acercarse a la tuba.
R. Wagner: Rheingold, Escena 2ª
La instrumentación de los trombones en la orquesta no debe utilizarse de manera indiscriminada, sino únicamente cuando su presencia aporte un efecto musical claro y significativo. Emplearlos sin una justificación artística adecuada refleja una práctica negligente y una falta de criterio en cuanto al buen gusto en la orquestación. Los trombones, por su potencia y carácter solemne, tienen la capacidad de realzar momentos específicos con gran fuerza expresiva, pero un uso excesivo o innecesario puede saturar la textura orquestal y restar sutileza al conjunto. Un ejemplo de buen gusto en el empleo de los trombones se observa en este fragmento, donde su intervención está cuidadosamente dosificada para intensificar el dramatismo.