Cambio de disposición/estado de un acorde

Una vez atacado un acorde, este puede mantener su sonoridad durante la duración de un compás completo, o incluso más, aún cambiando su propio estado. Será un recurso bastante empleado para que el ritmo de superficie en una composición no se detenga al no emplearse un cambio de acorde. Vemos en el siguiente ejemplo, como el acorde de dominante abarca dos compases de 4/4 (dos redondas), pero la pulsación rítmica es de negra. Al no darse un cambio de armonía, se da por hecho que no existen errores en los enlaces, ya que no existen enlaces armónicos. Sin embargo, se debe extremar el uso de los cambios de estado y disposición de un acorde, ya que hay posibilidad de incurrir en faltas armónicas que quedarán escondidas, duplicaciones no deseadas como la duplicación de la sensible, etcétera.

Como se ha visto en el ejemplo anterior, el acorde cambia de estado (el bajo realiza diferentes inversiones). Para que el alumnado de armonía entienda que no se debe cifrar cada bajo como la fundamental de un nuevo acorde, bastará con cifrar la primera aparición del acorde y extender una línea durante la duración del mismo. En ocasiones, cuando el ataque del acorde comienza con un estado del acorde debilitado, se cifra el acorde en su estado más característico y se extiende una línea antes e incluso después.

Cuando el resto de voces, que no son el bajo cambian, y el bajo permanece estático se produce un cambio de disposición melódica. De forma común, el cifrado no llega a extenderse durante la duración del acorde, pero es muy habitual para indicar al alumnado de armonía que no deben dejar el pulso rítmico estático, que se esperará en su realización, un cambio de disposición sobre el bajo armónico.

Pueden darse simultáneamente ambos casos: Cambio de disposición melódica y cambio de estado del acorde.

*Al no existir un cambio de enlace armónico, la movilidad entre las voces es más libre, permitiendo el acceso a quintas u octavas directas, ya que no se percibe conducción armónica a cualquier otro acorde.

Se debe tener cuidado con las intermitencias. El oído percibe como parte estructural de un acorde el tiempo o la parte fuerte. El hecho que hayamos cambado la disposición no evita las faltas armónicas entre dos acordes. Si el enlace recae en otro acorde y se producen las temidas octavas y quintas que previamente se han prohibido al enlazar dos acordes diferentes, éste fenómeno recibe el nombre de octavas o quintas intermitentes.

Octavas Intermitentes
Quintas Intermitentes

Se permitirá una octava o quinta en el siguiente enlace cuando haya sobrepasado la duración del compás y medio y se prohibirán siempre que recaigan en tiempo fuerte.