La serie de sextas en la asignatura de armonía, confiere al ejercicio un contraste en cuanto a la práctica común. En el caso de la serie de sextas, las voces dejan de tener un tratamiento contrapuntístico para estar al servicio de una línea melódica que mueve por grados conjuntos. Habitualmente, en la práctica armónica se escribe desde el bajo una progresión por grados conjuntos com más de tres acordes en primera inversión.

La realización correcta consiste en dibujar de forma paralela la melodía dispuesta en el bajo, de forma que, el sentido armónico del ejercicio se pierde a favor del dibujo melódico, donde quedará una línea melódica adornada por sus intervalos consonantes de tercera y sexta. No hay que preocuparse por el movimiento paralelo entre las terceras y sextas, ya que sabemos que no suscitan ningún problema en su sonoridad, pero debemos estar muy pendientes en la disposición de las mismas desde el bajo. Las voces que realizan el movimiento paralelo de tercera y sexta deberá disponerse de la siguiente manera: La fundamental del acorde por encima de la quinta, ten en cuenta que aquí me refiero al acorde, ya que si ubicamos la fundamental por debajo de la quinta el movimiento paralelo llevaría a la consecución de quintas paralelas prohibidas en los estudios de armonía.


Durante la serie de sextas la voz restante puede quedar silenciada. La entrada y salida de la serie debe disponerse a cuatro voces.

Si se prefiere hacer un uso a cuatro voces, la voz libre deberá moverse respetando las normas de encadenamiento de voces habituales.

El cifrado de grados deja de tener sentido en el momento en que los acordes, como sustento armónico, desaparecen en favor del embellecimiento melódico en todas las voces. Cualquier grado con resolución obligada pierde su atracción a favor de la marcha de sextas.
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