En su Tractatus cantus mensurabilis (Tratado de canto mensural), el clérigo francés Egidio de Murino (activo a mediados del siglo XIV) ofrece instrucciones sucintas sobre cómo componer un motete para varias voces. Su modelo es conservador y refleja métodos compositivos que estaban en uso desde mediados de la primera década de 1300. (En la música, la teoría suele ir una generación o dos por detrás de la práctica.) «Toma primero el tenor [voz fundamental] de cualquier antífona o responsorio, o de cualquier otro canto del libro de cantos del Oficio, y su texto debería se acorde con el tema o con la ocasión para la que se esté componiendo el motete.» Después de disponer rítmicamente las notas de la melodía del tenor, Egidio sugiere añadir hasta tres partes adicionales sucesivamente, ajustando el contrapunto musical de modo que dé lugar a consonancias adecuadas y leves síncopas, como elaborado lustre musical de una idea básica. Ahora bien, por lo que respecta al texto, recurre a versos en latín o en francés para cada una de las voces superiores del motete.
Divídelos en cuatro segmentos y divide la música en cuatro segmentos correspondientes, y pon el primer segmento del texto en el primer segmento de música lo mejor que puedas, y sigue así hasta el final. A veces será necesario meter muchas notas en pocas palabras para que la composición encaje bien, y a veces hay que apretar muchas palabras en poco tiempo. Simplemente encájalo todo lo mejor que puedas.
Por el contrario, A Plaine and Easie Introduction to Practicall Musicke (Introducción sencilla y fácil a la música práctica, 1597), de Thomas Morley (1557/1558-1602), considera la representación cuidada de los textos como el objetivo más elevado de la composición musical. Tomando muchas ideas del teórico veneciano Gioseffo Zarlino,
Freedman, Richard. La música en el Renacimiento: 62 (Spanish Edition) (pp. 15-16). Ediciones Akal.