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Contextualización (p.1) – Movimientos melódicos (p.2)
Con la finalidad de comprender y realizar los encadenamientos de voces a cuatro partes, es imprescindible conocer y apreciar las particularidades auditivas que ofrecen las octavas y quintas cuando se las escucha a dos voces.
La evolución en la historia de la música parte desde la monodia del canto gregoriano. En la época medieval, el canto quedaba relegado para ensalzar la plegaria dentro de la lturgia cristiana. Este canto se conoce como canto gregoriano, limitado a una línea melódica basada en el texto de la oración. La palabra determinaba la altura y el ritmo.

La propia evolución musical nos llevaría a distintos niveles de armonización de una misma melodía. Aparecería la quinta desde el canto dado y las duplicaciones de las mismas para conseguir la técnica compositiva conocida como organum.

Vemos en el siguiente ejemplo la voz principal llamada organum duplicada a la quinta inferior. Ambas voces, además vuelven a estar duplicadas a distancia de octava.

Antes de continuar podemos hacer una reflexión, y es que desde los inicios de la polifonía se ha constatado la importancia del fenómeno físico armónico, dado que aquellos primeros sonidos que resultaron agradables en la interpretación a dos o más voces fueron los primeros parciales: la octava y la quinta.
El primer movimiento a más de una voz se hizo por mediación del movimiento paralelo. El movimiento paralelo es aquel que mantiene constante el mismo intervalo ejecutado anteriormente entre una voz y otra.
El desarrollo de la polifonía dio paso al organum florido u ornamentado. Aparecen nuevos movimientos melódicos complementarios entre voces como el contrario, el oblicuo y el directo. El directo, a diferencia del paralelo, es que mantienen la misma dirección pero con intervalos diferentes. Aquí puede verse claramente lo que viene a ser la técnica de contrapunto. Un punto, contrario a otro punto.

La técnica del contrapunto ha mantenido siempre la idea de mantener los principios fundamentales de contrarios, así es que los movimientos contrarios y oblicuos han sido bien considerados por todos los tratadistas. Cualquier movimiento de un intervalo a otro entre dos voces siempre ha sido suavizado por estos principios. No tanto ha sido el movimiento directo, y menos el paralelo que quedará prohibido cuando haga escuchar dos intervalos justos consecutivos.

El primer intervalo no comete falta armónica, pero la consecución del mismo intervalo justo es considerado como falta armónica grave ya que el sonido efectuado por la quinta se funde en su fundamental dando la sensación de perder una voz. Una vez llegados a la época del renacimiento aparecieron los intervalos de tercera y sexta con novedosas técnicas en cuanto a disposición interválica y la práctica de las octavas y quintas quedó relegada para el comiendo y final de frases, creando así los primeros conceptos de cadencias entre frases y semifrases.
Aún así, el movimiento directo es admitido solo cuando se aplica el principio de contrarios. Ambas voces van en la misma dirección, pero debe mitigarse el salto abrupto al sonido justo. Esto se consigue teniendo diferentes llegadas al intervalo por parte de cada voz. Por eso, cuando un intervalo asciende de grado, el otro deberá conducir por grado conjunto en la misma dirección. Así evitaremos siempre los movimientos paralelos y se suaviza la llegada a cualquier intervalo Justo, pero no llega a ser tan eficaz como lo son los movimientos contrarios y oblicuos.

Desde el renacimiento, el intervalo de tercera y sexta diatónica es bien considerado y no produce falta armónica. En el ejemplo anterior tan solo se han tenido en cuenta para su revisión los intervalos justos.
El antepenúltimo acorde tiene una excepción. No está permitida la llegada por movimiento directo de grado y salto entre voces extremas cuando la que se desplaza por grados conjuntos es la nota inferior. A cuatro voces, no estará permitida entre bajo y soprano.
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